Treinta años después de la caída del muro de Berlín en 1989 asistimos, un tanto atónitos, al resurgir de los populismos en su máxima expresión, el presidente de la primera potencia mundial. Podríamos decir que los indicios nos venían avisando: la falta de alternativas podrían llevar a un numeroso grupo de votantes a votar entre lo malo y lo peor, y que lo peor se llamaba Trump. Ahora la Historia ya ha cambiado, una nueva página se ha escrito, lo que pudo ser, ya no será. La realidad de nuevo supera a la ficción (incluso en la premonitoria serie, los Simpson veían el final de un desastroso mandato de Trump con la llegada de una nueva presidente). Nosotros ahora nos toca imaginar los efectos, para el mundo en su conjunto, de la vuelta de los fascismos y las soluciones simples a problemas complejos.